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Por Ley: No a las pajitas de plástico

Por Ley: No a las pajitas de plástico

El uso de los plásticos se ha extendido a nivel mundial por las características inherentes al material como ligereza, durabilidad y bajo coste, entre otros. En 2019, se produjeron 370 millones de toneladas de plástico en el mundo, siendo la producción en Europa de casi 58 millones de toneladas (PasticEurope, 2020). Hay que considerar que esta cifra será muy superior en los balances actuales debido a la pandemia del COVID-19, aunque aún no se pueden encontrar datos definitivos.

Por otra parte, la estrategia Española de Economía Circular (EEC) para 2030, se fundamenta en un modelo de producción y consumos responsables, basado en mantener el valor de los productos durante toda la cadena, fomentando la mínima generación de residuos y el mínimo uso de materia prima virgen. Además, desde la Comisión Europea, con las ideas de Economía circular y Residuo Cero como banderas, se promueve la reutilización de los materiales plásticos, evitando aquellos de un solo uso, junto con una valorización eficiente de los residuos producidos preferiblemente mediante reciclaje.

En este contexto, resulta necesario entender el ciclo de vida de este tipo de materiales. El proceso comienza con la transformación de las materias primas (de fuentes vírgenes o recicladas) hasta productos terminados mediante diferentes metodologías como moldeo por extrusión, inyección o soplado, entre otros. En esta parte de fabricación del producto, como resultado del proceso industrial, se puede generar un residuo limpio y de composición estable y conocida. Este residuo procedente del excedente industrial de las industrias del plástico se considera como el de mayor calidad de cara al reciclaje de los plásticos. A continuación, se comercializa el producto entre el mercado consumidor, y tras finalizar su vida útil, se convierte en un residuo postconsumo.

Se estima que 29 millones de toneladas de plástico postconsumo se generaron en Europa en 2018 (PasticEurope, 2020). Una de las principales características de los residuos plásticos es la variabilidad en su composición y su baja biodegradabilidad. Además, pueden aparecer combinados con otros sustratos como materia orgánica, papel o metales no férricos como aluminio, que dificulta y, en ocasiones, imposibilita su reciclaje. En general, con la idea de facilitar el proceso de reciclaje, se deben fomentar los materiales limpios y mono-plásticos, de un solo componente, frente a materiales formados por varios polímeros o componentes.

En el caso de que la región no disponga de un circuito de recogida y separación de plásticos urbanos y sin ningún tipo de tratamiento alternativo, irían destinados a vertedero. Sin embargo, siguiendo la jerarquía de la gestión de residuos, la última opción debe ser el depósito en vertedero debido a los graves problemas ambientales que conlleva, como emisiones gaseosas contaminantes, ocupación de espacio, pérdida de biodiversidad, impacto paisajístico y conflictos sociales, entre muchos otros.

En todo caso se fomenta la reutilización de plásticos como opción prioritaria, seguida del reciclaje. Dependiendo de los sistemas de recogida existentes, los plásticos son separados en origen, con una separación posterior más exhaustiva en una planta industrial, y reciclados, si procede, en nuevos materiales. Uno de los principales problemas en las plantas de separación de residuos es el diferente tamaño que puede presentar este tipo de materiales. Los más voluminosos son separados al inicio del proceso, quedando en la corriente de residuos los materiales plásticos más pequeños hasta el final del mismo.

En una de las etapas finales de separación de residuos urbanos, se obtiene la fracción resto cuyo reciclaje no se considera viable y va a vertedero. Muchos plásticos de pequeño tamaño acaban en la fracción resto, debido a la limitación de la eficiencia en el proceso de separación, por lo que su destino es el vertedero, sin ninguna opción de reciclaje. Por otra parte, el hecho de que los plásticos de menor tamaño tienen más superficie específica, propicia la aparición de microplásticos, causando serios problemas ambientales, especialmente en ecosistemas acuáticos.

El 18 de mayo de este año (2021), el Gobierno de España remitió a las Cortes el proyecto de Ley de Residuos y Suelos contaminados con el objetivo de impulsar una economía circular y baja en carbono. El documento estableció limitaciones a los plásticos de un solo uso, incluyendo restricciones a su introducción en el mercado y obligación de información al consumidor tal como se avanzaba en el anteproyecto de ley publicado el 2 de junio de 2020. Para disuadir del consumo de este tipo de plásticos, la ley establecerá un impuesto sobre este tipo de materiales.

Entre otras medidas, y según el anteproyecto de ley presentado, a partir del pasado 3 de julio quedaba prohibida la introducción en el mercado de los siguientes materiales si se elaboraban a base de plásticos: bastoncillos de algodón (excepto si se trata de material de uso sanitario), cubiertos y platos, pajitas y agitadores de bebidas, palitos para sujetar globos (excepto para uso industrial), recipientes y tapas elaborados en poliestireno expandido, etc. También se prohíbía la introducción en el mercado de cosméticos y detergentes con adición intencionada de microplásticos. Por otra parte, el proyecto de ley recoge requisitos de diseño de los envases como que las tapas y tapones deben ir unidos al recipiente principal a partir de 2025. El objetivo de esta medida es impedir que el tapón acabe separándose del recipiente en el proceso de transporte y gestión del residuo. Básicamente se pretende evitar que el tapón, junto con bastoncillos y pajitas de plásticos, acabe en la fracción resto con destino vertedero.

Si recientemente ha comprado en el supermercado el típico tetrabrick de bebida individual que incluye pajita, habrá observado que la pajita es de cartón. O a lo mejor ha adquirido un envase de bastoncillos para la higiene de los oídos y se ha fijado que están elaborados con cartón en sustitución del plástico anterior. Ahora podrá entender mejor el porqué de tales cambios: la ley en vigor pretende modificar nuestros hábitos de consumo en aras de la sostenibilidad.

Las medidas adoptadas pueden suponer un gran impulso a la conservación medioambiental y es que pequeños gestos consiguen grandes retos.

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Juana Fernández Rodríguez
Investigadora del Instituto de Biodiversidad y Medioambiente de la Universidad de Navarra y profesora de la Facultad de Ciencias de esta institución
Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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